jueves, 14 de agosto de 2008

El Sueño del Soñador

Anoche, una vez entregado a los brazos de Morfeo, entré en lo que podría denominar el mundo más extraño que he conocido.



Me encontraba yo, solo, en medio de un desierto. Era extraño, porque en lugar de ser un desierto hirviente, era un desierto frío, amarillezco. Tenía a alguien a la par, en túnicas negras, pero no le podía ver la cara...

En fin, supe que en ese desierto tenía que recoger algo. No sabía porqué estaba ahí o qué tenía que hacer. Para peores, la figura me dijo: "Corre, corre que te alcanzan".

¿Pero quién me perseguía? Todo era confuso para mí. Igual, decidí correr. El desierto era interminable, corría y corría, no llegaba a ningún lugar. Por un momento volví a ver, ¡y para qué lo hice! Logré ver a mis perseguidores: una multitud, vestida de túnicas gris, encapuchados. Todos tenían antorchas y espadas en sus manos. Corrían rápido como el viento.

Horrorizado, me quedé en shock por un momento. Sin embargo, mis piernas reaccionaron antes que mi mente, y empecé la huida otra vez. Lograba ver desde fuera de mi cuerpo cómo corría, mientras mis perseguidores atravesaban las dunas cristalinas.

Uno de mis perseguidores me alcanzó, sólo uno. Me hirió en la espalda y en mi costado. Di un grito de dolor mientras corría. La sangre mía hacía un camino. Volví a verle, no tenía rostro, era sólo una luz brillante, que en mi mente me dijo "Tu gema es mía"

No le entendí, corría y corría, pero al parecer no se iba de mi lado. Finalmente, la herida me dolía demasiado, la toqué con mi mano, pero no había sangre en la herida. El camino mostraba mi sangre, pero no había donde me había atravesado. Toqué y pude sentir vacío adentro, como si hubiera derramado toda la sangre en el camino.

El perseguidor me agarró, traté de soltarme, pero no podía. Súbitamente, y no se por qué impulso, lo toqué con la mano que había metido en mi herida, pegó un grito de dolor y me soltó, como si algo lo hubiera herido.

No lo pensé dos veces y me fui corriendo. Me sentía más ligero pero el peso mío era más grande, podía ver cómo me hundía en la arena al caminar. Sentí que tenía algo entre las manos, pero no lo volví a ver, tenía que huir.

Finalmente, logré ver un...portal por así decirlo. Era hecho de piedra gris, tenía inscripciones que no entendí, y la figura de las túnicas negras estaba a la par.

Llegué, y antes de cruzar me habló
-"Esta vez te has quedado con la gema. No pienses que toda la vida podrás huir de mi misión."
- "¿De qué hablas?"
- "De milagro escapaste con tu vida, esa gema que llevas en tus manos. A la próxima no te ayudaré"

No lo pensé dos veces, le di las gracias y salté por el portal. Me desperté,y había unas gotas rojas por el piso de la casa, y en las manos tenía mi celular, con la foto mía y de mi amor...

No hay comentarios.: